Conclusiones de la 56a Escuela de Verano Rosa Sensat: Reconocer la esencia de la escuela. Hacer de maestros desde los porqués
Data publicació:
14/07/2021
Autor:
Rosa Sensat
RECONOCER LA ESENCIA DE LA ESCUELA
Hacer de maestros desde los porqués
Hemos vivido un curso 2020-2021 inmersos de lleno en una emergencia social como jamás habíamos vivido antes. La Covid-19 ha desencadenado, o ha hecho más evidentes, otras crisis además de la sanitaria: la crisis económica, la crisis social y la crisis educativa. El sistema sanitario combate el virus en los centros de salud, pero la escuela también tiene un papel decisivo para suavizar esta crisis. Nunca nos habíamos encontrado en una situación de pandemia mundial como la actual. Nunca nos habíamos sentido tan frágiles como sociedad, y justamente porque vivimos momentos de emergencia hemos trabajado para mantener la escuela en pleno funcionamiento, con responsabilidad y valentía, como un servicio público esencial.
Durante los últimos años, hemos puesto el foco en los cambios en educación. Ahora desde la escuela, y como sociedad, valoramos qué es lo esencial que define la escuela y qué es lo que la hace indispensable e insustituible.
A lo largo de estos días, con debates, conferencias y formaciones, y con la participación de muchas personas, hemos querido definir la esencia de la escuela alrededor de cuatro ejes:
- Educación democrática
- Maestras emancipadas, la comunicación en la escuela
- Cultura científica y humanística
- Reconocer las identidades a través de la cultura y las artes
- La diversidad de opiniones y de realidades son esenciales para construir una escuela democrática en la que el conflicto tiene que ser el origen del encuentro, para que se preserve esta diversidad junto con la equidad.
- La realización de actos democráticos en la escuela debe hacer posible la representación y la participación de todo el mundo, de todas las familias, pero especialmente de esas familias, niños y jóvenes que hoy no están representados.
- La participación auténtica debe pasar por la toma de decisiones por parte de niños y jóvenes. Es necesario más protagonismo de los alumnos en el ejercicio democrático y participativo en los centros educativos.
- Tenemos que darnos tiempos y espacios para ser niños, adolescentes y adultos, en interacción, y atender los aspectos emocionales, de cuidado y de acogida.
- Hemos comprobado que en la virtualidad la comunicación pasa a ser más fría e impersonal. Para construir la sociedad que imaginamos, las emociones y los vínculos que se establecen entre maestros y niños tienen más sentido en los actos presenciales.
- La tarea de los maestros debe ser abierta, multiplicadora y transdisciplinaria, con capacidad de sorprender a los alumnos todos los días y en todos los momentos. Tiene que ser un modelo que acompañe para pensar e imaginar mundos posibles, comprometido y que toma decisiones.
- La escuela debe comprometerse con las artes y la cultura, con maestros que tienen un relato de oficio y de vida consciente, con un legado cultural amplio en el que las pericias de cada cual suman en el proyecto pero no son la excusa para rehuir responsabilidades.
- Las escuelas también son espacios de encuentro en que la cultura y el arte son condiciones y realidades de prestigio, a veces procesos y a veces finalidades, para abordar temas controvertidos que favorezcan la formación de personas libres y que sepan pensar.
- Debemos interpretar el currículo con ojos inquietos y despiertos, favoreciendo la creación de tiempos y espacios en que los vínculos y las relaciones son esenciales y la cultura es el objeto compartido, para hacer una escuela «imaginativa» donde la burocracia no interrumpa los procesos creativos y educativos, ni sea una excusa para su ausencia.
- «Menos es más» también en educación, y sería necesario llegar a una «forma de educar» que reconozca y consensúe los aprendizajes más básicos y «esenciales». Nos imaginamos unos currículos al servicio de la educación integral y global de la persona, y en manos de unos maestros que toman las decisiones más adecuadas en cada momento y para cada niño.
- Hay que generar más interacciones entre universidades e investigadores, administraciones y escuela, para que maestros y profesorado participen en investigaciones que fomenten una actitud indagadora, reflexiva y crítica, esencial para la escuela transformadora.
- Es imprescindible aumentar la apertura y la conexión de escuelas y maestros en el entorno cercano y el mundo. El marco normativo ha de permitir romper las paredes, las barreras y las fronteras, confiando en maestros, profesores y comunidad educativa.
- La comunicación debe basarse en nuevas estrategias, conversaciones y debates que nos capaciten para entendernos, para superar barreras idiomáticas, culturales y de costumbres, diferencias socioeconómicas, étnicas, de género, y otras. Y la escuela pública es el escenario en el que hacerlo posible.
- La responsabilidad profesional de los maestros tiene que garantizar un discurso y unos conocimientos compartidos, que permitan pasar de ser maestros aplicadores de normativas a maestros con criterio propio para construir un proyecto común. La formación inicial y la permanente siguen siendo esenciales.
