El derecho a decidir en educación
Data publicació:
07/05/2020
Autor:
Gino Ferri
Introducción
Mientras en otros ámbitos de la vida social y política el derecho a decidir es un tema muy delicado y controvertido, creo que se puede afirmar rotundamente que casi todos los planteamientos educativos que afirman apostar por el cambio y/o la «innovación» reconocen este derecho como uno de los principales ejes vertebradores de su discurso teórico.
Pero, a mi parecer, en este panorama de intentos renovadores falta una reflexión fundamental que tiene que ver con unas preguntas clave, es decir:
Del otro, y en contra de aquella absurda rigidez, es evidente la influencia de los tantos enfoques pedagógicos de huella libertaria que están presentes en la historia de la pedagogía (Cambi, 2002) desde hace mucho tiempo, aunque no es secundario reconocer que, como recuerda García (2017), «el concepto de libertad puede defenderse desde posiciones de lo más variadas, desde anarquistas hasta neoliberales».
Entre las referencias más recientes, cabe mencionar sobre todo las experiencias de la escuela Summerhill en Inglaterra (García, 2017) y de las creadas en Ecuador por Rebeca y Mauricio Wild, el Pesta y El León Dormido (Wild, 2006), porque están entre las que más han inspirado directamente unas visiones pedagógicas contemporáneas con respecto a la valoración de la importancia de que niños y niñas, chicos y chicas, puedan tomar en todo momento sus propias decisiones.
Ejemplos de concreciones didácticas del derecho a decidir
En las escuelas, ¿cómo se permite esa toma de decisiones que se considera tan importante? Hay que decir que a raíz de esta valoración se han inventado múltiples soluciones metodológicas, como por ejemplo:
Está claro que este solo es un ejemplo que no representa la totalidad de lo que se ofrece en esas situaciones, pero sí muestra una tipología muy común y difundida de propuestas que, independientemente del ámbito o del contenido al que se refieren, se caracterizan por ser completamente «cerradas». Y cuando las posibilidades de pensamiento y acción son completamente cerradas y solo contemplan la consecución de un único resultado, ¿qué aporta realmente a niños y niñas poder elegir qué hacer?
Segundo ejemplo: los «proyectos»
Hace unas semanas entré en la clase de 4 años de una escuela en cuya pared destacaba la silueta enorme de un tiburón, y en todas las partes del cuerpo del animal había carteles pegados que las nombraban.
Enseguida pude consultar el dossier del proyecto, y me enteré de que los niños habían tenido que votar una y otra vez para decidir cuál era el nombre de la clase que luego se convertiría en el tema del proyecto, ya que la otra clase de 4 años también quería ser la clase de los tiburones. Así, al final ganó una de las dos y se pudo hacer el proyecto, con, entre otros, el «fundamental objetivo» de que los niños y las niñas pudieran «aprender» también todos los nombres de las partes del cuerpo del tiburón, incluidas las más «interesantes», que son las que están cerca de su parte posterior: la aleta caudal y la aleta anal...
En la misma línea puedo mencionar otro proyecto que vi hace un par de meses en una clase de cuarto de primaria, donde con respecto al tema del cuerpo humano (uno de los temas estrella de primaria) destacaba una «importantísima» pregunta; buscar su respuesta había sido decididamente complicado: ¿cuánto miden todas las arterias de nuestro cuerpo?
Hay que repetir que también estos dos casos no son más que ejemplos que (afortunadamente) no representan la totalidad de las experiencias que tienen que ver con los proyectos, pero es indudable que se trata de situaciones muy comunes y difundidas en muchísimas escuelas. Así que no es secundario preguntarse: ¿qué han decidido realmente los alumnos? ¿Cuál sería el significado de sus (supuestas) decisiones?
Tercer ejemplo: la identidad de unas «cajas de investigación»
Desde hace unos años la idea de proponer «cajas de investigación» en primaria ha tomado mucha fuerza entre las escuelas que quieren evolucionar las propias prácticas y, sobre todo, dejar el libro de texto. Para que no haya confusión, cabe destacar que esta definición abarca una multiplicidad de interpretaciones, a veces decididamente diferentes entre sí, pero que tienen unos aspectos comunes:
- el hecho de que en la escuela se haga algo porque lo han decidido niños y niñas, chicos y chicas, ¿lo convierte de por sí en un suceso importante, valioso e imprescindible?
- ¿todas las decisiones que tomen niños y niñas, chicos y chicas, dan igual por el solo hecho de que las hayan tomado ellos y ellas?
Del otro, y en contra de aquella absurda rigidez, es evidente la influencia de los tantos enfoques pedagógicos de huella libertaria que están presentes en la historia de la pedagogía (Cambi, 2002) desde hace mucho tiempo, aunque no es secundario reconocer que, como recuerda García (2017), «el concepto de libertad puede defenderse desde posiciones de lo más variadas, desde anarquistas hasta neoliberales».
Entre las referencias más recientes, cabe mencionar sobre todo las experiencias de la escuela Summerhill en Inglaterra (García, 2017) y de las creadas en Ecuador por Rebeca y Mauricio Wild, el Pesta y El León Dormido (Wild, 2006), porque están entre las que más han inspirado directamente unas visiones pedagógicas contemporáneas con respecto a la valoración de la importancia de que niños y niñas, chicos y chicas, puedan tomar en todo momento sus propias decisiones.
Ejemplos de concreciones didácticas del derecho a decidir
En las escuelas, ¿cómo se permite esa toma de decisiones que se considera tan importante? Hay que decir que a raíz de esta valoración se han inventado múltiples soluciones metodológicas, como por ejemplo:
- los ambientes (también llamados espacios) tanto en infantil como en primaria (sean de «libre circulación» o de «libre elección»);
- o las cajas de investigación (también llamadas cajas de aprendizaje o de otra manera) en primaria;
- de los que ahora existen muchas interpretaciones que antes de todo priorizan la elección por parte del alumnado del tema en el que se profundizará (para decidir, se llega incluso a votar entre diferentes propuestas);
- o también que valoran indiscriminadamente la búsqueda de las respuestas a las preguntas que cada uno ha tenido que plantear a la hora de decidir lo que «quiere saber» acerca del tema que se ha elegido.
Está claro que este solo es un ejemplo que no representa la totalidad de lo que se ofrece en esas situaciones, pero sí muestra una tipología muy común y difundida de propuestas que, independientemente del ámbito o del contenido al que se refieren, se caracterizan por ser completamente «cerradas». Y cuando las posibilidades de pensamiento y acción son completamente cerradas y solo contemplan la consecución de un único resultado, ¿qué aporta realmente a niños y niñas poder elegir qué hacer?
Segundo ejemplo: los «proyectos»
Hace unas semanas entré en la clase de 4 años de una escuela en cuya pared destacaba la silueta enorme de un tiburón, y en todas las partes del cuerpo del animal había carteles pegados que las nombraban.
Enseguida pude consultar el dossier del proyecto, y me enteré de que los niños habían tenido que votar una y otra vez para decidir cuál era el nombre de la clase que luego se convertiría en el tema del proyecto, ya que la otra clase de 4 años también quería ser la clase de los tiburones. Así, al final ganó una de las dos y se pudo hacer el proyecto, con, entre otros, el «fundamental objetivo» de que los niños y las niñas pudieran «aprender» también todos los nombres de las partes del cuerpo del tiburón, incluidas las más «interesantes», que son las que están cerca de su parte posterior: la aleta caudal y la aleta anal...
En la misma línea puedo mencionar otro proyecto que vi hace un par de meses en una clase de cuarto de primaria, donde con respecto al tema del cuerpo humano (uno de los temas estrella de primaria) destacaba una «importantísima» pregunta; buscar su respuesta había sido decididamente complicado: ¿cuánto miden todas las arterias de nuestro cuerpo?
Hay que repetir que también estos dos casos no son más que ejemplos que (afortunadamente) no representan la totalidad de las experiencias que tienen que ver con los proyectos, pero es indudable que se trata de situaciones muy comunes y difundidas en muchísimas escuelas. Así que no es secundario preguntarse: ¿qué han decidido realmente los alumnos? ¿Cuál sería el significado de sus (supuestas) decisiones?
Tercer ejemplo: la identidad de unas «cajas de investigación»
Desde hace unos años la idea de proponer «cajas de investigación» en primaria ha tomado mucha fuerza entre las escuelas que quieren evolucionar las propias prácticas y, sobre todo, dejar el libro de texto. Para que no haya confusión, cabe destacar que esta definición abarca una multiplicidad de interpretaciones, a veces decididamente diferentes entre sí, pero que tienen unos aspectos comunes:
- se plantea una propuesta de «investigación» o un «reto cognitivo» (a veces de un determinado ámbito o área, a veces más transversal);
- en un contenedor (la caja) se ponen diferentes documentos y materiales que ayudarán a los alumnos a desarrollar la actividad y/o a llevar a cabo la resolución del reto, incluso alguna vez a realizar un producto final que testifica el trabajo hecho.
- La caja física que contiene la propuesta: profundizar en el tema de la digestión de los alimentos.
- El contenido de la caja con la explicación de la propuesta en concreto: crear una maqueta del aparato digestivo que pueda servir para visualizar el recorrido de los alimentos dentro del cuerpo humano, para que se comprenda cómo ayudan al crecimiento del mismo cuerpo.
- Parte del dossier que explica detalladamente todo lo que hay que saber sobre el tema del aparato digestivo y del proceso de digestión de los alimentos.
- El producto final: la maqueta que representa el objetivo de la propuesta.
- La necesidad, muy respetable, de salir del modelo adultocéntrico típico de la escuela tradicional, que lleva a asumir una postura exactamente opuesta, como si por sí sola ya fuera la solución de un problema tan grave.
- Una interpretación muy superficial del concepto de «niño competente», transformado en una especie de «niño omnipotente», que lo puede todo por sí solo a través de sus acciones e interacciones con diferentes objetos y materiales.
- La distorsión del concepto de aprendizaje activo-constructivo, reducido a un conjunto de acciones donde lo único que parece importar es que sea el niño quién las dirija, «eligiendo» en cada momento lo que quiere hacer. Ese es el resultado de una profunda confusión entre la idea de niño constructor de su propio aprendizaje, y la idea de niño (supuesto) director de su propio aprendizaje, que en su esencia son dos procesos radicalmente diferentes.
- se dejará de ofrecer actividades cerradas (como las que se han comentado anteriormente) que solo quieren «trabajar» una habilidad concreta de una forma totalmente descontextualizada, quedándose muy tranquilos por el hecho de que se ha dejado que cada uno decidiera qué hacer, y en cambio se apostará por propuestas abiertas y desafiantes, que dejan un margen muy amplio de posibilidades de pensamiento y acción, para que cada uno busque y encuentre las propias soluciones;
- se dejará también de proponer (supuestos) «proyectos» que solo se plantean llevar a los alumnos a adquirir meras informaciones acerca de algo, y en cambio se apostará por valorar la oferta de auténticos contextos de aprendizaje que antes de todo se plantean fomentar el desarrollo de actitudes críticas y creativas, y que valoran la construcción activa y relacional del significado de todo lo que, a través de ellos, se irá descubriendo y aprendiendo.
